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Chapas Personalizadas Para Regalar

La chapa personalizada: un regalo maravilloso

Se llama Eduvigis (gracias de su mamá), tiene tres años y es lo más aproximado a una hija que conozco. Ese torbellino de inteligencia, pelo rubio, ojos brillantes y cháchara infantil pero coherente cumplía no hace mucho los años y lo cierto es que he estado muy lento de reflejos. Le regalé un juego educativo, como siempre, para una edad un tanto superior a la suya –no sólo los ojos son inteligentes- que no ha acabado de hacerle ilusión. Digo que he estado lento de reflejos porque aun sin renunciar a esos juguetes que, sin saber muy bien cómo, te enseñan sumas, restas, inglés y, si te descuidas, una ingeniería aeroespacial, podía haber acompañado el detalle con otro que “rejuveneciera” el juguete: pienso en una chapa personalizada que acompañase al envoltorio, con el dibujo de Bob Esponja, Dora, Barbie o esas colegialas que hasta muertas y vampirizadas se preocupan por ir divinas de la muerte (como juego de palabras no vale gran cosa, lo sé).

Una felicitación única

El caso es que me compongo en la cabeza un dibujo de Bob Esponja en su piña del fondo del mar con la leyenda “Felicidades, Edu (el nombre completo me parece largo y feo), desde el fondo del mar” y se me escapa la sonrisa. No es que se vaya a creer que el bichito amarillo o sus amigos le mandan el regalo (no se lo habría creído ni con año y medio), pero es una forma de aportarle gracia al asunto cuando no estás muy convencido de que vaya a ser del gusto del agasajado. Aunque lo que aportaría valor a la chapa es algo que ella comprendería cuando crezca: posee un regalo que sólo se ha elaborado para ella. Un regalo nacido del cariño. Único en todos los sentidos: una chapa personalizada en la que uno de sus personajes la felicita en nombre de un amigo treinta años (más o menos) mayor. No está mal.

 

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