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Chapas Identificativas

¿Mi nombre? ¡Mírame a la chapa!

Estoy convencido de que, de una u otra forma, nos define y marca de por vida: no es lo mismo llamarse, por ejemplo, Luis que Heriberto. Desde Luego, Luis podrá destacar por muchas cosas, pero no por su nombre. Y tampoco tendrá que oír demasiadas veces aquello de “Perdona… ¿Cómo te llamabas?”. Heriberto, en cambio, ha de recordar su nombre “era y es Heriberto” La solución no es nada nuevo: una chapa personalizada recordando que se llama Heriberto.

No pienso en la mera funcionalidad, como las insignias de las cajeras del supermercado, a las que, por cierto, no he visto que nadie diga, leyendo su chapa: “Buenos días… María de los Ángeles” o “Gracias por su ayuda… Señorita –soltera, ¿eh?- García”. No. La idea es otra:

Mucho más que funcionalidad

Se trata de que, además de recordar algo que nos define, como es el nombre, nos describamos a nosotros mismos. Aquí entra en juego la imaginación y las infinitas posibilidades de las chapas: un deportista realizará un montaje en el que inscriba su nombre sobre el objeto que defina a su deporte (un balón, un bate…): Gertrudis que es una romántica, lo hará sobre un corazón, Teodoro, en un osito de peluche, por lo tierno que es, Serafina, enfermera, sobre una cruz roja…

De nuevo hemos de recalcar la función comunicativa, además de la estética de las chapas: puedes describirlas y que alguien plasme tus palabras en vinilo; o puedes ser tú mismo quien elabore el diseño y lo mande imprimir. Para eso están las empresas que se dedican a ello, aunque, si eres un fanático del “hazlo tú mismo”, te compras una máquina de hacer chapas, que no es cara.

 

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